¿Yoga? Podemos sentir el yoga, profundizar en el yoga, convivir con el yoga, transmitir yoga, transformarnos con yoga. Podemos ser yoga.

Podemos practicar yoga. Podemos aprender yoga. Podemos desaprender yoga, cambiar de yoga, jugar a yoga. Podemos hablar yoga y charlar de yoga. Podemos escuchar yoga, estar en silencio y en yoga. Podemos respirar yoga. Podemos meditar yoga.

Podemos acercarnos al yoga como un camino para descubrirnos, para entendernos, para fortalecernos. Y podemos descubrir que nos hace bien, que nos sienta bien, que nos calma, que nos ayuda, que nos acompaña, que nos inspira a ser mejores personas, a querer mimar a todo y a todos, a cuidar de nosotros mismos, de nuestras mentes y de nuestros cuerpos.

Podemos sentir que nos conecta, que tú y yo somos lo mismo, que todo tiene más sentido. Podemos decidir que quizás no hay carreras, ni hay metas; aceptar que quizás no hay ganadores, sino paisajes y caminatas y aprendizajes que vivir. Podemos intuir que era todo más simple, más claro, menos emocional, menos brutal. Quizás.

Pero con la experiencia, con la práctica, con la rutina podemos perder la presencia. Podemos perder la esencia. Podemos olvidar que en cada respiración hay un universo por explorar, que en cada postura hay una infinidad de movimientos a construir. Podemos no percatarnos que cuando nos vestimos de yoga, cuando comemos yoga, cuando vamos a yoga e incluso cuando compartimos yoga quizás ya no es yoga.

Y, como en yoga, en todo tenemos la misma responsabilidad. Podemos estar. Podemos estar a medias. Podemos no estar.

Siesta yoga es una oportunidad para parar, descansar y revisar nuestro acercamiento a ese reto físico, mental y emocional al que llamamos vida… con yoga.

Alba Balada

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